imagen obtenida con permiso de Envision Kindness
(He aquí una frase del Dalai Lama que resume nuestro fantástico viaje: Mientras inhalas, atesoraste a ti mismo. Mientras exhalas, atesora a todos los Seres”).

En mi exploración en como la amabilidad conecta a las personas, se me ha hecho bastante claro que ser amable con alguien más, ánima a ambas personas y crea un vínculo positivo entre ellas. Muchas veces, he leído cómo la gente se siente bien después de ayudar a alguien a través del voluntariado, o con tan solo sostener la puerta abierta, y hasta lo he sentido yo personalmente.

Si se busca una explicación de porqué se siente bien, está claro que ayudar a alguien más (o simplemente presenciar un acto de amabilidad) genera una serie de cambios en el cerebro similares a cuando se liberan endorfinas, los opiodes internos. Espiritualmente, por supuesto, ayudar a alguien es lo correcto. La conexión biológica entre el entendimiento espiritual y como nos sentimos sugiere que la naturaleza nos ha cableado para hacerlo así; el cuerpo refuerza/recompensa estas “acciones correctas” con sensaciones placenteras. Similarmente, el que lo recibe también se siente bien porque ha sido reconocido o valorado.

Los actos de amabilidad por ende crean conexiones significativas entre aquellas personas. Es parte de lo que se denomina “Círculo de conexión de amabilidad”, en el que actos de amabilidad conectan al dador y al receptor uno con el otro.

El tema central de esta clase es el último arco en del círculo de conexión amabilidad, que dice que las conexiones significativas incrementan la amabilidad que se recibe. La idea principal es que cuando realmente entendemos como cada una de nuestras vidas está interconectada con tantas otras, la amabilidad, compasión, y colaboración fluyen como mucha más naturalidad.

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Aunque seamos individuos únicos, nuestras vidas son parte de una dinámica y vibran en una red más grande. Lo que cada uno de nosotros haga en esta red influye en muchos otros, y viceversa, por ejemplo: estamos en esto juntos.

Hay varios ejemplos diferentes en como estamos conectados unos a otros, tales como estar conectados a través de la economía, interacciones personales, laborales, comunitarias, familiares, etc.

Un aspecto que es pasado por alto es que estamos conectados unos con otros, sin embargo, es la biología en común que compartimos. Por ejemplo, la sangre pasa a través de nuestras arterias y venas antes de ser filtrada por nuestros riñones y bombeada por nuestro corazón que late aproximadamente 100.000 veces cada día.

Hay varios otros sistemas, que con una leve variación, funcionan de la misma manera en personas saludables tales como la regulación del azúcar, presión arterial, y respuestas inmunes, y aunque seamos diferentes en apariencia externa (altura, cuerpo, forma de la cara, color de piel), nuestros cuerpos generalmente funcionan igual.

Más allá de los sistemas que tenemos en común, también compartimos activamente nuestra vida biológica unos con otros. Centrémonos en el oxígeno, uno de los elementos más abundantes en el planeta y que es crítico para nuestra supervivencia. Inhalar oxígeno (O2) es requerido para usar calorías y convertirlas en energía o gasolina para nuestras células; este proceso posteriormente produce dióxido de carbono (CO2) que exhalamos como un bioproducto. La vida no es posible sin oxígeno.

Imaginémonos que estamos escalando en un camino en el bosque y paramos a admirar la vista. Mucho del oxígeno que respiramos probablemente sea producido por los árboles y plantas vivas, pero ¿cómo los árboles crean oxígeno? potenciados por la luz solar, absorben el dióxido de carbono que está siendo exhalado por los escaladores para que pueda ser transformado en celulosa. O2 es liberado del CO2 que los árboles absorben, lo que continúa el ciclo de oxígeno entre los escaladores y los árboles.

Esto quiere decir que el oxígeno que inhalé para sobrevivir fue usado por alguien más en el pasado para ayudarles a vivir también, y será usado de igual manera por alguien más en el futuro.

Como el oxígeno está siendo constantemente reciclado, y cada persona necesita 500 litros de oxígeno por día aproximadamente, varios autores han especulado acerca de como nosotros hemos respirado las mismas moléculas de oxígeno que Julio César, Abraham Lincoln, Martin Luther King, Jr., or cualquier otra figura histórica.

En el fondo: todas nuestras vidas dependen de compartir, y este compartir se extiende a través del tiempo.

Este ejemplo también ilustra como estamos conectados críticamente con los árboles y la naturaleza. Sin la vida de las plantas, el oxígeno no puede producirse y el dióxido de carbono no puede ser eliminado. y ya que alrededor la mitad del oxígeno en la Tierra proviene del fitoplacton en los océanos, quiere decir que nuestras vidas dependientes de oxígeno están de igual manera atadas a los océanos. El fitoplacton en cambio, depende del movimiento y desperdicios de las criaturas más grandes del océano, como las ballenas.

Cuando algo interrumpe este ciclo, como la deforestación o la casa de ballenas, compartimos estos problemas que serán consecuentes. Cuando los protegemos y nutrimos, entonces, honramos su importancia y somos recompensados por ello.

Lo que se da, se recibe. La vida es más de ciclos que de líneas rectas. El oxígeno es sólo uno de varios ejemplos, por la naturaleza de nuestra biología compartida, estamos conectados los unos con los otros. Lo mismo es cierto para el nitrógeno, el agua, el hierro y un gran grupo de otros factores biológicos esenciales que son reciclados por otras formas de vida. Esto se vuelve más complejo cuando incluimos las interacciones de animales e insectos que son necesarios para mantener el tejido de nuestra red entrelazada saludable y vibrante.

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Entonces, ¿qué nos enseña esto? Nos dice que nuestras vidas están más íntimamente conectadas de lo jamás habíamos pensado. En un nivel básico, nos enseña que compartir (amabilidad y cooperación) es activamente requerido para que los seres vivos puedan sobrevivir.

Más allá de eso, estamos profundamente conectados por el ciclo del oxígeno en una recíproca, y de forma cooperativa. Sin los árboles y la fauna, no podríamos sobrevivir, y esos sistemas dependen de dióxido de carbono, nosotros los sostenemos a ellos también. En resumen, el egoísmo o el abuso es un componente que regresará y nos afectará.

Pero el ciclo es frágil; si no nosotros no hacemos lo correcto para mantener responsablemente nuestra parte de nutrir mutuamente el ciclo, puede fallar. Hacer lo correcto honra dos principios: ser amable y respetar los roles de los otros miembros del ciclo, y ser amables con nosotros mismos para mantener nuestro propio bienestar.

El eminente conservacionista John Muir escribió: “Cuando tomas algo de la naturaleza, lo encuentras adherido al resto del mundo”. Eso es, todos estamos conectados.

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– Traducido al español por Aletheia Jurado

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